En plena Guerra Fría, y sobre todo en el período inmediatamente posterior a la guerra de Vietnam, marcado por nuestra debilidad, apoyamos a los dictadores de Chile (Augusto Pinochet) y Filipinas (Ferdinand Marcos). La razón era simple: la alternativa más probable y viable, es decir el comunismo, sería peor.
El artículo en Libertad Digital, aquí.


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